interesante

La trampa de lo «interesante»: Por qué hemos dejado de sentir para empezar a consumir

«Qué interesante». Es la frase que lanzamos como un salvavidas cuando no queremos mojarnos. En mis años en las redacciones de medios globales, aprendí a temerla; era la cortesía del olvido, el preámbulo de una noticia que nacía muerta. Hoy, esa palabra se ha convertido en la anestesia general de una sociedad que prefiere el brillo del filtro a la verdad de la piel.

El cementerio de la curiosidad

Vivimos en la era de la hiperestimulación estéril. Según datos recientes de la economía de la atención, un usuario promedio consume entre 600 y 900 metros de contenido vertical al día con su pulgar. Sin embargo, la retención real de esos impactos apenas supera los 2 segundos.

Hemos creado un sistema donde lo «interesante» es una moneda de cambio barata. Es el like de compromiso, la reacción rápida que nos permite seguir haciendo scroll sin que nada nos detenga, sin que nada nos duela, sin que nada nos cambie. Lo interesante es, hoy por hoy, el enemigo mortal de lo importante.

La dictadura del «clic» vs. el rastro de la piel

Las estadísticas de consumo digital en España (donde se concentra gran parte de mi audiencia de más de 55 años) revelan un dato demoledor: dedicamos casi 6 horas diarias a pantallas, pero la sensación de soledad y desconexión sensorial ha crecido un 15% en la última década.

¿Por qué? Porque hemos puesto la etiqueta antes que el sentimiento. Hemos decidido que algo debe ser «interesante» para que merezca nuestro tiempo, cuando la vida real —la que se toca, la que se huele, la que se percibe— no necesita ser interesante; necesita ser vivida.

«Cambiamos la profundidad de un pensamiento por la rapidez de un clic. Hoy la verdad no se percibe con el alma, simplemente se acepta por costumbre.»

Creatividad a los 55: El orgullo de haber aprendido a ver

A menudo me preguntan por la creatividad como si fuera una fórmula para cazar lo novedoso. Pero a nuestra edad, uno ya sabe que crear no es inventar fuegos artificiales. Hace poco, observaba a alguien en una cafetería, absorto en su pantalla, tratando de capturar el ángulo perfecto de su café para que fuera, precisamente, «interesante». Yo, mientras tanto, percibía el aroma del grano tostado, el murmullo de las tazas y el calor que desprendía la mesa.

A los 55, la creatividad ya no es esa urgencia por ser vistos. Es la maestría de saber que no hace falta fabricar mundos; basta con saber habitar este que nos tocó, sintiéndonos cerca, oliendo el presente, reconociéndonos en el roce de lo cotidiano.

El regreso a lo obvio

Este espacio, Observador Obvio, no nace para engrosar la lista de cosas «interesantes» de tu feed. Nace como un acto de fe. Una propuesta para rescatar el derecho a sentirnos conmovidos, o incluso a sentirnos aburridos, pero nunca indiferentes.

La tecnología —esa que marcas como DJI o Insta360 perfeccionan cada día— no debería servir para esconder la realidad bajo capas de píxeles perfectos, sino para desnudarla. Para captar la huella, el rastro, la cicatriz.

No busco tu «me gusta» por inercia. Busco que, al terminar estas líneas, sientas que el aire que respiras es un poco más denso y que el mundo que tienes delante es, por fin, un poco más tuyo.

Lo obvio es el último refugio de lo real en un mundo que prefiere el aroma del filtro a la verdad de la piel. Y hoy, más que nunca, es lo que necesitamos volver a sentir.


Mira el Episodio #03: La Trampa de lo Interesante

Un ensayo visual sobre el fin de la curiosidad y el regreso a los sentidos.

En este episodio:

  • 0:00 ¿Qué significa realmente «interesante»?
  • 2:15 Creatividad senior: El orgullo de ver vs. la urgencia de mostrar.
  • 5:30 El «Me gusta» como termómetro moral.
  • 8:45 Recuperar la huella: Por qué lo obvio es lo único real.

VER VIDEO EN YOUTUBE(https://youtu.be/0c2lNvlhinU)

Compartir:

Entradas Relacionadas

la dictadura

La dictadura de lo impecable

Nací en una Caracas de concreto y ruido, bajo el sol de abril del 68. Crecí cuando el mundo aún se explicaba a través del

Suscríbete a mi lista de correos