¿Cuántas veces has dicho «la gente es mala» para sentirte mejor contigo mismo?
En este segundo episodio de Observador Obvio, me detengo a diseccionar uno de los conceptos más peligrosos y útiles de nuestra comunicación actual: «La Gente». Esa abstracción virtual que usamos como vertedero de nuestras culpas para no admitir que, en realidad, somos parte de la masa que tanto criticamos.
El concepto virtual del «otro»
Hablamos de ellos como si fueran una entidad externa, un fallo en el sistema. «La gente es envidiosa», decimos. «Hay que tener cuidado con la gente». Nos hemos inventado un concepto maravilloso para no sentirnos parte del fango. La gente… son todos aquellos que no están con nosotros. Los que votan lo que no entendemos, los que ensucian la calle que pisamos, los que compran lo que despreciamos.
Inspirado en las reflexiones de Mr. Avelain, entiendo que el sistema nos prefiere así: estáticos, señalando con el dedo hacia afuera. Es el refugio perfecto para el ego. Si la culpa es de «la gente», nosotros no tenemos que cambiar nada. Mientras tanto, nos volvemos cada vez más impecables, más prolijos… y más solos.
La anécdota de la cámara: cuando la ética se vuelve líquida
En el episodio narro una historia que define perfectamente esta frontera: una amiga que se quejaba amargamente de que «la gente» robaba, hasta que un día, en el suelo de una feria, se encontró una cámara. No buscó al dueño. Decidió quedársela porque «la vida te devuelve lo que te quita».
En ese instante, ella dejó de ser mi amiga para convertirse, precisamente, en la gente. Su ética se volvió líquida ante la oportunidad. Y ese es el presente que nos golpea: buscamos al enemigo en la ultraderecha o en el vecino que vino de lejos, pero nos da pánico sentarnos a charlar sin piedras en las manos porque descubriríamos que dentro de nosotros vive ese mismo prejuicio que negamos.
De la observación a la masa
Desde las calles de Oviedo hasta la memoria de esa Caracas donde pasé menos tiempo del que hubiese querido, este es un viaje al centro de nuestra propia hipocresía. La realidad no es tu muro de noticias de Facebook; la realidad es lo que queda cuando apagas la pantalla y el silencio te devuelve tu propia cara.
No te engañes, como casi todos los días lo hago yo. Cada vez que señalas a «la gente» para salvar tu conciencia, activas el piloto automático. Porque al final del día, después de todos los filtros y las cajas de Amazon, la verdad es obvia: La gente no son los otros. La gente eres tú… justo cuando crees que no lo eres.
Yo también soy la gente. Pero me siento, cada día más, la masa. Ese bloque uniforme que se mueve por inercia, que consume por hábito y que calla por miedo. Soy el observador, pero también soy el observado.
Soy Frank Castellanos. Soy la masa. Y esto, aunque duela, es lo obvio.
Mira el episodio #02: La Gente y la masa
Bajo la estética de la observación pura y el análisis cínico, este episodio es un acto de rebeldía: dejar de chillar para empezar a preguntar.
Contenido del episodio:
8:00 El acto de rebeldía: Dejar de chillar para empezar a preguntar.
0:00 El concepto virtual de «La Gente».
2:15 La anécdota de la cámara: ¿Cuándo dejas de ser tú para ser «ellos»?
4:50 La Masa: El bloque uniforme que nos absorbe.





